Los niños… ¡Y el humor!

¡Que levante la mano quien sepa el componente más importante en un espectáculo infantil! ¿La fantasía? Por supuesto, pero no. ¿La sorpresa? También, pero tampoco. ¿La pedagogía? Que sí, pero que no me refiero a ninguno de estos básicos. Para mí, y llevo escritos innumerables textos infantiles para teatro y televisión, el elemento más importante, el imprescindible e ineludible, es el HUMOR.

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¿Hay algo mejor que la sonrisa de un niño? Sí, su RISA. ¡Y no es tan fácil conseguirla! Cualquier guionista sabe lo complicado que es escribir para hacer reír. Es mucho más difícil arrancar una carcajada que una lágrima. Y ni te cuento en los espectáculos para niños, que se echan a llorar de forma inesperada por miedo, vergüenza o rabieta, incluso antes de empezar la función. Y contagia al resto de niños. Y de repente, lo que pretendía ser una obra de teatro, se convierte en un improvisado concierto de pequeños tenores y sopranos, que ya quisieran el Carreras y la Caballé. Hasta que de repente, uno de los actores hace una payasada… y los niños se callan… y por primera vez le observan con curiosidad, pensando quizá “¿de qué va éste? ¿qué me quiere contar? ¡Ah, que es una historia de aventuras! ¡Un cuento!”. Y problema resuelto: los niños se enganchan a la obra y aprenden una bonita moraleja final.

El HUMOR es una potentísima herramienta para asegurar la atención y disfrute de los micro-espectadores de las salas de teatro, del circo, del cine y la televisión… Desde Bob Esponja al mítico Correcaminos. Todos contienen altas dosis de humor.

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De “Mamá me da miedo” a “Mamá, quiero ver otra”

Dragon Caballero y Escudero 3El formato de microteatro es algo que muchos ya hemos experimentado; una propuesta que, si bien ya conocíamos desde los entremeses de finales del siglo XVI, en los últimos años se ha modernizado y adaptado a una sociedad con prisa, con ansia de experimentación y, ¿cómo no?, en crisis. Pero no solo nos referimos a la forma breve, jocosa en su mayor parte, cercana… Nos centramos en el espacio, en la sala, en el “microescenario”. En Microteatro por dinero, las salas de menos de 15 metros cuadrados, encierran un sinfín de historias en diferentes horarios. Y ¿dirigido a qué público? A cualquiera con ganas de pasar quince minutos envuelto en una escena tan vívida como la vida misma.

Pero ¿qué pasa con los pequeños de la casa? Ellos también tienen un hueco especial en Microteatro por dinero. Los sábados y domingos por la mañana (y algún que otro festivo), la sala deja a un lado las copas, los Gyn Tonic, y los cócteles para llenarse de cola caos, de potitos y de risas y carreras por sus pasillos.

El mismo espacio, la misma dinámica pero una experiencia completamente diferente. La primera vez que un niño acude a Microteatro puede vivirlo de mil maneras aunque muchos de ellos nos sorprenden con la misma reacción:

Los peques bajan las escaleras con ilusión, esperan a que les expliquen qué van a encontrar tras la puerta negra, y muy a menudo, comentan algo que hace que todos los adultos que les acompañan se rían de la genialidad y que los papás del susodicho levanten la cabeza orgullosos por el desparpajo de su hijo. Sigue leyendo