Abren un nuevo Microteatro dentro de otro Microteatro

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-¿Cómo resuelven el mundo los socios de Microteatro? Inaugurando salas.

-Los socios de Microteatro se van de cañas y se les va de las manos.

-Crónica de una fiesta: la inauguración de un nuevo Microteatro dentro de otro Microteatro.

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Me han invitado a una fiesta en Microteatro Madrid, o quizás debería decir en el nuevo Microteatro Madrid dentro de Microteatro Madrid. Y es que los socios de Microteatro Por Dinero, en aras de expandir su imperio, inauguran una nueva sede dentro de su propia sede.

“¡Uno más pal saco, uno más pal saco!…”, corean los socios mientras se corta la cinta inaugural. Copichuelas, risas y el faranduleo habitual encarrilan la celebración. Algunos invitados preguntan si esta noche va a haber teatro y los parroquianos responden con un “eso ya otro día, lo importante era abrir otro”, a lo que el resto vuelve a gritar el “uno más pal saco” enardecidamente.

Cada vez que se juntan, acaban montando un Microteatro en alguna parte del mundo o te quieren hacer socio, una de dos

La idea se gestó después de una reunión: “nos fuimos de cañas y se nos fue de las manos”, dice una de las socias, “empezamos a beber y nos engorilamos”, concluye. Fuentes fidedignas del bar al que suelen acudir me constatan que “cada vez que se juntan, acaban montando un Microteatro en alguna parte del mundo o te quieren hacer socio, una de dos”. Al parecer, terminan las reuniones ahí porque son muchos y en las oficinas no caben, “y en el bar dan de beber, recuerda que la mayoría somos artistas y nos va el cachondeo”, me indica uno de los socios, copa en mano, “además no somos tantos, ¿has pensado en hacerte socio?”, pregunta mientras pasa su brazo sobre mi hombro…

La construcción se ha llevado a cabo en tiempo récord, de la noche a la mañana, sin ir más lejos, “porque si nos ponemos, nos ponemos”, exactamente tal y como reza la placa de bienvenida a la nueva sede. “Dos más y me compro un dúplex”, relata sonriente un obrero invitado a la fiesta. En un alarde de ingeniería, el acceso a la nueva sede se realiza justo después del acceso a la vieja, “como si entraras a un banco”, asegura la taquillera, “que acojona, es absolutamente inútil y hace perder tiempo, pero es chic”, señala.

Yo ya no sé si estoy en uno o en otro Microteatro

Los límites entre una y otra sala son confusos hasta para los propios trabajadores, que hacen malabarismos para sortear muros y clientela. “Yo ya no sé si estoy en uno o en otro Microteatro”, me susurra uno de ellos, “menos mal que tengo a mi doble”, saluda alegremente a su propio reflejo en un espejo y se va. No le saco del error. Caras y cuerpos, famosos y no famosos, por duplicado. Alguien me toca el culo. Esto es un despiporre. Bajo a los baños. Gente desorientada confundiéndose de acera. Me meto en el de chica. Paso por las diferentes salas, la 3, la 5, la 5bis… Veo las escaleras. “Sala 2 del Microteatro 2”, dice una voz sensual de mujer por megafonía. Vaya, parece que sí que había teatro esta noche. El público baja en tropel. Me pego a la pared. Subo y la muchedumbre canta “uno más pal saco” a ritmo de We are the champions. La fiesta es todo un éxito.

A la salida el aire huele distinto, menos alegre, menos vivo. Decido acabar aquí mi crónica. Ya he tenido suficiente. Así que me doy la vuelta y vuelvo a entrar.

Miguel Catarecha, cronista y vividor.

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