De cartas, orgasmos, cupcakes y Kylie Minogue

Echo de menos abrir el buzón de mi casa y encontrarme cartas en el. El buzón de casa, sí… No, el buzón de voz no, el de casa… De correo… Correo electrónico no, postal hombre, postal. Pero vamos a ver, ¿tú sabes lo que es una carta?

Recuerdo que las que más ilusión me hacían eran las que recibía de una tía que vive en Francia, y que venían en sobres grisáceos con los bordes dibujados en azul y rojo…

Me he planteado que quizás podría hacer una solicitud en el muro de la red social, poniendo algo así como: “¡escribidme una carta!” Pero claro, luego he pensado que me pedirían una dirección, y ¿cómo pones tu dirección de casa en una red social? ¿Como le vas a dar tu dirección a nadie…¿no?

cartas microRecibir una carta por correo postal es de esas cosas que cuestan poco, solo necesitan un pelín de tu tiempo, y encontrar un buzón de correos, eso sí, porque no sé si será porque ya no los uso, pero ahora lo pienso y no tengo localizado ninguno en todo el barrio.

Las “pequeñas cosas”, esos “pequeños detalles” que llamamos a veces, se hacen muy importantes. Ya se sabe, las cosas “sin importancia” suelen ser las que más nos animan, alegran, nos hacen sentir mejor, con nosotros mismos y con el resto.

Me preguntaba hablando de cosas pequeñas, por qué será que muchas de las veces que hablamos de algo positivo, es algo pequeño… o corto. Por ejemplo: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, o “las esencias buenas vienen en frascos pequeños… (yo le añado, que el venenotambién)”.

Cupcakes microSiguiendo esta famosa regla, se han inventado los famosos cupcakes, (¿qué no sabes lo que es un cupcake? Sí hombre, las magdalenas de toda la vida cubiertas de una o cientos de capas de azúcar, a cada cual más terriblemente dulce y más coloreada, con formas cada vez más extravagantes, haciendo que la ingesta de dicho postre sea prácticamente imposible si una pretende mantener la compostura mientras come en público). Pues eso, que decía yo que nos gusta más lo pequeño… o nos hace más gracia, o llega a satisfacernos más… Qué será.

Kylie Minogue microYo siempre pensaba que era demasiado bajita para mi edad, (cuando todavía había posibilidades de crecer en estatura, ejem), hasta que descubrí que Kylie Minogue mide poco más de un metro cincuenta, y que siempre le toman planos desde abajo y en perspectiva para contrarrestar con el elenco de bailarines, y me dije, pues esto tiene su punto oye… Y ya no volví a acomplejarme por mi metro sesenta y cinco… Bueno, metro sesenta y cuatro… Está bien, dependiendo del cardado del pelo es un metro sesenta y dos, pero en ningún caso menos.

Nos desviamos del tema. La concepción de lo pequeño, corto, mínimo, cobra un valor distinto al que tenía antes. Se solía pensar: “burro grande, ande o no ande”, ¿no? Claro, hombre, a lo bestia, todo grande, de todo mucho, sea como sea, bueno o malo, qué mas da, más cantidad, más tamaño, más… Bueno, espera, a ver si va a ser verdad eso de que el tamaño importa… Medesvío.

Hay pequeños placeres, que han de durar poco, porque si se extendieran, dejarían de ser placeres, perderían su interés, perderíamos el gusto por disfrutarlos, y en los casos más extremos, incluso acabarían por desagradarnos.

Muy pocas veces de las que he actuado en Microteatro, no ha habido alguien que me dijera: “pero yo quería que siguiera”, o, “me habéis dejado en lo mejor, quiero saber qué pasa luego”. Y creo que casi siempre he respondido lo mismo: “de eso se trata, sino qué gracia habría…” Porque lo interesante es irte de la sala, subir a tomarte una caña en el bar, y pensar: “y entonces ¿la tipa muere o está de parranda…?”

Anda que no me ha dado a mí ratos de conversación una pieza de Microteatro de doce minutos. Y que si uno ha visto esto, el otro aquello, que no, que sí, y mientras, vamos a pasar la conversación con un buen mojito a nuestro lado, que aquí los hacen de lujo…

Y mientras seguimos con esto, que mira, que quedan para el siguiente pase de la otra que queríamos ver, pues ale, para abajo otra vez, y luego, vuelta a empezar, sube arriba, cañita, risas, que si otro mojito… Y otro… y me desvío, pero bien.

Que me gusta a mí esta “moda” de que lo corto, o lo pequeño, no son mala cosa, a veces incluso todo lo contrario. Una vez comentaban unos amigos por qué ahora había directores que hacían cortometrajes, cuando habían hecho ya largometrajes, que si sería por que no había dinero.

Bueno, posiblemente no haya dinero, no hay dinero para nada, salvo para pagar sueldos públicos… ay, ¡me desvío, me desvío!

Pero creo que también puede ser debido a que hay historias que deben ser contadas en un determinado tiempo, con un determinado ritmo; hay historias que necesitan ser contadas en un determinado espacio de tiempo. Y no hay más.

Y ojalá haya muchas historias que tengan que ser contadas en cortos espacios de tiempo, pero que haya muchas, cientos de ellas, miles de experiencias distintas, que puedan ver la luz, que tengan un público al que contar y mostrar que por ser más cortas, no son menos intensas, seguramente todo lo contrario. Porque si lo piensas, esto al final tiene un poco que ver con el orgasmo, que en sí es relativamente corto para todo lo que acontece y… Buffffffff, ya está, ahora sí me desvié.

Que estoy pensando yo, que lo mismo para que me escriban es buena idea que mande primero una carta, ¿no? Voy a enviar un par de emails a ver qué me cuentan.

 Autor: Estrella Olariaga 

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